Antecedentes. La construcción de un nuevo templo

Parece poco probable que la villa de Cazorla careciera de una parroquia antes del siglo XVI.
Sería razonable pensar que algunas de las antiguas ermitas o incluso alguna capilla perteneciente a
los conventos cumplieran provisionalmente con esa función. Sin embargo, la hipótesis más sólida
apunta a la existencia de un antiguo templo dedicado a Santa María. Esta teoría se apoya en la
documentación de capellanías fundadas a comienzos del siglo XVI que mencionan explícitamente
esta iglesia, así como en restos arqueológicos anteriores a esa época. Todo ello sugiere que ya existía
una iglesia primitiva en la ribera occidental del río Cerezuelo¹, en un espacio sacralizado que, a partir
de mediados del siglo XVI, serviría como base para la nueva iglesia y parte de la actual plaza pública.
Todo apunta a que la construcción de la iglesia de Santa María formaba parte de un ambicioso
proyecto arquitectónico y urbanístico de estilo renacentista, llevado a cabo sobre el antiguo trazado
medieval de la villa. Este plan daría lugar a lo que hoy conocemos como la Plaza de Santa María. El
diseño, de marcado carácter clasicista, contemplaba la edificación de los principales símbolos del
poder religioso y civil, como la propia iglesia, las casas consistoriales y la cárcel. También incluía
edificios de uso económico, como las carnicerías (actual oficina de turismo de Cazorla), así como
otros elementos de valor ornamental y simbólico, como la Fuente de las Cadenas, la casa de los
clérigos o la del corregidor. Todo este conjunto se asentaba sobre una obra de ingeniería
extraordinaria: una bóveda que cubría el río Cerezuelo, construida para unir las dos orillas y disponer
del espacio suficiente para levantar tanto el templo como buena parte de la plaza. Es posible que,
durante este periodo constructivo, La ya desaparecida parroquia, la iglesia de Madre de Dios² sirviera
provisionalmente como parroquia principal de la villa.
La bóveda que cubre el cauce del río Cerezuelo fue, desde su construcción, un elemento clave
en el desarrollo urbano de Cazorla y objeto de especial atención por parte de las autoridades tanto
religiosas como civiles. Esta estructura, una bóveda de cañón construida mayoritariamente con
sillares de toba extraída del propio cauce del río, destaca no solo por su envergadura y funcionalidad,
sino también por la complejidad técnica y topográfica que supuso su ejecución³. Se trata, sin duda,
de una de las obras más ambiciosas y singulares emprendidas en la localidad. A pesar de su solidez,
la bóveda sufrió daños relevantes a lo largo del tiempo como consecuencia de las frecuentes tormentas
y avenidas del río. En todas las inspecciones o “visitas” que se realizaban a la iglesia de Santa María,
se incluía un informe específico sobre el estado de la bóveda, ya que su integridad era esencial tanto
para la estabilidad del templo como para la conservación de la plaza renacentista construida sobre
ella.
No se conserva documentación del siglo XVI que detalle la construcción de la iglesia de Santa
María, las fases de su obra ni el uso litúrgico que pudo tener durante ese periodo. Es necesario esperar
hasta 1606, cuando el arzobispado de Toledo —bajo la autoridad de Bernardo de Sandoval y Rojas—
asumió formalmente el adelantamiento de Cazorla, para encontrar las primeras referencias escritas
sobre el templo. Esta falta de fuentes directas, sumada a las críticas vertidas por los visitadores
eclesiásticos, quienes describían el lugar como uno “donde habían reñido las ambiciones con los caudales”⁴,                                                                                      nos permite suponer que la iniciativa de levantar este gran templo partió de la poderosa
familia de los Cobos, adelantados de Cazorla. En concreto, del influyente secretario de Carlos V y
Felipe II, don Francisco de los Cobos, y, con mayor probabilidad, de su hijo don Diego de los Cobos
y Mendoza, primer marqués de Camarasa, y su esposa, doña Francisca Luisa de Luna, señora de
Ricla. También intervino su descendiente, don Francisco Manuel de los Cobos y Luna, segundo
marqués de Camarasa, quien contrajo matrimonio con doña Ana Félix de Guzmán, una figura clave
en el impulso al mecenazgo religioso en Cazorla, especialmente en relación con la iglesia de Santa
María y el colegio de la Compañía de Jesús.⁵
Se desconoce con exactitud cuándo se dio inicio al proyecto urbanístico que incluyó la
construcción de la iglesia de Santa María, así como la autoría de su diseño y los nombres de los
canteros o maestros de obra responsables. La única información disponible proviene de las
inscripciones halladas en diferentes elementos arquitectónicos que marcan la finalización de algunas
partes del edificio: en 1580, la hornacina y el relieve de la fachada principal de la torre del baptisterio;
en 1583, una hornacina similar en la fachada este de la misma torre; y en 1589, la portada lateral que
da a la calle de la Hoz⁶. Estas fechas nos permiten situar una etapa activa de obras a lo largo de la
segunda mitad del siglo XVI. La ejecución de la bóveda sobre el río Cerezuelo, base fundamental del
conjunto, implicó una enorme complejidad técnica y demandó una inversión considerable de recursos
humanos y económicos.
Además, el prolongado conflicto legal entre la familia de los Cobos, marqueses de Camarasa,
y el arzobispado de Toledo⁷ por el control del adelantamiento de Cazorla probablemente influyó
negativamente en el ritmo de las obras. Como resultado, solo se completaron el crucero y el
baptisterio, mientras que otras partes proyectadas, como las naves y la torre oriental, nunca llegaron
a edificarse más allá de los cimientos. Hacia finales del siglo XVI, don Francisco Manuel de los
Cobos y Luna, nieto del impulsor original del proyecto, era el único miembro vivo de la familia
directamente implicado, y tuvo que enfrentarse al final del litigio y al proceso de restitución de los
territorios al arzobispado toledano. Esta situación llevó, posiblemente, a que se tomara la decisión de
cerrar provisionalmente la zona del crucero para permitir el culto, dejando sin completar más de dos
tercios del edificio previsto. Se desconoce si esta intervención fue realizada por la familia de los
Camarasa o por las autoridades eclesiásticas de Toledo, anticipándose a la inminente devolución de
la villa al arzobispado de Toledo.
La ubicación de Santa María, presidiendo la futura plaza y encajada entre las pendientes de la
Peña de los Halcones y del cerro de Salvatierra, se hizo para que el tamaño de la planta rectangular
de la iglesia, de aproximadamente 54,24 metros de largo por 33,53 de ancho, coincidiera con la
topografía interna del cauce, es decir, para que la fachada principal se apoye en la parte de la bóveda
del tramo más horizontal del cauce del río de Cazorla. A partir de este punto existe un salto de agua
y por tanto un desnivel de seis metros hasta salir el río por el otro lado de la plaza. Teniendo en cuenta
estas premisas existiría una parte acabada y otra sin acabar; es decir, sin cubiertas.⁸

 

¹ Durante la intervención arqueológica realizada con motivo de la restauración y conservación de las ruinas de Santa
María, por la Junta de Andalucía, debajo de la planta del baptisterio aparecieron muros de antiguas construcciones que
podrían pertenecer al primitivo templo.
² Se ubicaba esta antigua iglesia en las proximidades del cruce de la carretera de Santo Tome. Esta iglesia desapareció y
sus restos sirvieron para la construcción de la iglesia de Chilluevar. El santuario de Tiscar estaba construido en la sierra
de Quesada.
³ José María Crespo García. Santa María de Cazorla. Anuario del Adelantamiento. N.º 49. 2007.

⁴Archivo Catedralicio de Toledo. I.1, b.1.11 Informe de Baltasar del Castillo. 1694. /AHC. Doc. 13.
⁵ Crespo García, J. M. (2023). El retorno traumático: Cazorla a través de los apeos del siglo XVII.
⁶ José María Crespo García. Santa María de Cazorla. Anuario del Adelantamiento. N.º 49. 2007.
⁷ Archivo Catedralicio de Toledo. I.1.B.5.10 Concordia de 13 de septiembre de 1604 entre Dignidad arzobispal / AHC.
Doc. 20. / Archivo Diocesano de Toledo. Legajo 8 /Exp. 2. Escritura de redención de 1665 otorgada al Excmo. Don
Manuel de los Cobos y Luna, marqués de Camarasa. / AHC.
⁸ Crespo García, J. M. (2023). El retorno traumático: Cazorla a través de los apeos del siglo XVII.