La parte cubierta del templo

Los brazos del crucero y la capilla mayor estaban cubiertos por bóvedas de medio cañón
decoradas con casetones, mientras que el centro del crucero se cerraba con una imponente bóveda
vaída, sostenida por cuatro arcos formeros¹. La capilla mayor, de testero recto, albergaba el altar
principal junto a uno de los dos sagrarios del templo. Esta zona se encontraba ligeramente elevada
respecto al resto del edificio, con al menos tres peldaños de diferencia, y su pavimento consistía en
losas de arcilla cocida, en contraste con el suelo de tierra compactada que predominaba en el resto de
la iglesia.
El altar mayor estaba presidido por un retablo compuesto por pinturas dedicadas a la Virgen
María, cuya estructura se alzaba por encima de la cornisa que separaba el testero del presbiterio.
Detrás del retablo existía un pasadizo que permitía el tránsito, facilitando la comunicación entre la
torre de la sacristía y la parte superior de la capilla de los Camarasa, que más adelante pertenecería a
los marqueses de Hinojares y se consagraría al Santo Cristo del Consuelo. En el interior de la capilla
mayor también se ubicaban otros altares secundarios, más modestos, realizados en madera con
estructuras y retablos sencillos. A la derecha del altar mayor, en el lado del Evangelio, se encontraba
una imagen de Nuestra Señora de Belén, una talla ante la cual colgaba una lámpara de plata donada
por un devoto. Próximo a este se situaba otro altar donde se veneraba una pintura del patriarca San
José. En el lado de la Epístola, por su parte, se encontraba otro altar con una representación de San
Pedro Apóstol, pintada sobre lienzo.²
La interrupción abrupta de las obras de Santa María hacia finales del siglo XVI tuvo como
consecuencia la reducción del número de capillas interiores, quedando finalmente solo tres. Dos de
ellas se sitúan en el lado de la Epístola y sirvieron como cripta y lugar de enterramiento para dos
destacadas familias locales. La primera es la capilla de los Zeegines, posteriormente advocada a
Nuestra Señora de Belén, situada junto a la sacristía. La segunda, conocida como la capilla de Santa
Catalina, se encuentra cerca de la entrada al templo por la calle de la Hoz y pertenecía a don Gonzalo
Gómez de la Tovilla, quien ostentaba el cargo de alférez de la villa.³ A finales del siglo XVIII, es
probable que esta última capilla albergara el órgano de la iglesia, instalado sobre una estructura
empotrada en el muro, aproximadamente a tres metros del suelo del templo.

La capilla situada en el lado del Evangelio, originalmente de los Camarasa, fue nuevamente
adquirida como capilla nobiliaria a finales del siglo XVII, pasando a manos de la familia Fernández
de Angulo, titulares del marquesado de Hinojares ⁴. Esta capilla se distingue por su cúpula rebajada,
decorada con pinturas murales que representan escenas de la vida de la Virgen María, así como figuras
de papas y obispos, todas ellas ejecutadas con vivos colores y un estilo claramente renacentista,
caracterizado por su naturalismo. Tres de los cuatro muros conservan frescos de gran tamaño que
muestran retratos de patriarcas y episodios del Antiguo Testamento, como el sueño de Jacob. Sin
embargo, con la cesión de la capilla a los Fernández de Angulo ⁵, las pinturas comenzaron a
deteriorarse, especialmente debido a las reformas acometidas tras su adquisición. Con el nuevo uso
de la capilla por los marqueses de Hinojares, se emprendieron obras para instalar un retablo destinado
a albergar el lienzo del Santísimo Cristo del Consuelo, patrón de Cazorla. Esta intervención implicó                                                                                   
la eliminación de los frescos situados en el testero sur, ya que fue necesario demoler parte del muro
para incorporar la estructura del nuevo retablo.
La sacristía, situada a la derecha según observamos el altar mayor, destacaba por su rica
ornamentación, contando con diversas piezas litúrgicas como cálices, patenas, platillos y otras
alhajas, aunque muchas de ellas se perdieron a raíz de la tormenta de 1694.⁶
Debido a que el cierre del crucero de Santa María se realizó de forma apresurada, el templo
quedó sin coro. Como solución provisional, se construyó uno añadido en la nave central. Esta
estructura se adosó al muro frente al altar mayor y fue levantada prácticamente sin cimentación. Se
diseñó en dos niveles, permitiendo su uso tanto como coro alto como bajo. Sin embargo, su débil
construcción hizo que sufriera constantes hundimientos y desperfectos, lo que obligó a múltiples
reparaciones durante los años en que la iglesia se mantuvo en funcionamiento.⁷

 

¹ Estepa Rubio, J. (2017). Aproximación geométrica y espacial y reconstrucción virtual de la Iglesia de Santa María de Cazorla a través de sus ruinas [Tesis doctoral, Universidad de Córdoba]. UCOPress.
² 4 Archivo Diocesano de Toledo. legajo 24 / Exp. 12. Visitas de algunos lugares que se relacionan. 1716 / AHC. Doc.659
³ José María Crespo García. Santa María de Cazorla. Anuario del Adelantamiento. Nº 49. 2007/ El Marquesado de
Hinojares. Rafael Lainez Alcalá. Anuario del Adelantamiento de Cazorla. Nº 4. Año 1955
⁴ Archivo Diocesano de Toledo. Legajo 24/ Exp. 2. Visita de algunos lugares del parido de Cazorla. 1691./ AHC.Doc.662.
⁵ Por paralelos con otras pinturas al fresco de iglesias cercanas, parece ser que el autor pudiera ser Pedro de Raxis. Natural
de Alcalá Real y que trabajaba en esta época en el entorno de los Camarasa. / De nuestro pasado. José María Crespo
García. Anuario del Adelantamiento. Nº 50. 2008.                                                                                                                                                                                                                         ⁶ Archivo Diocesano de Toledo. Legajo 24 / Exp. 12. Visitas de algunos lugares que se relacionan. 1716 / AHC, Doc. 659
⁷ Archivo Diocesano de Toledo. Legajo 22 / Exp. 13. Visita de Cazorla. 1667. /AHC. Doc. 629.