La inundación de 2 de junio 1694
El diseño de la iglesia de Santa María en Cazorla, levantada sobre una bóveda que cubría el
cauce del río Cerezuelo, ha sido considerado una obra admirable de la arquitectura renacentista. Sin
embargo, poco se ha analizado el riesgo estructural que implicaba construir sobre un terreno con un
importante desnivel entre la entrada y la salida del río, especialmente en el tramo final, donde se
registra una caída de más de seis metros. La ubicación de la iglesia sobre el tramo alto del río se eligió
por su menor pendiente, aunque en la zona de los pies del templo existía una catarata de más de tres
metros. El principal desafío arquitectónico era evitar que el nivel del suelo del templo se elevara
demasiado sobre el de la plaza. Para resolverlo, se optó por reducir la altura de la bóveda en su entrada
sur, decisión que implicaba riesgos en el drenaje. El 2 de junio de 1694, una DANA provocó un aluvión torrencial.
El arrastre de rocas y materiales naturales, domésticos y agrícolas, formó un gran tapón en la entrada de la bóveda, creando
una presa natural. El agua se acumuló hasta que reventó violentamente, destruyendo la sacristía e
inundando la iglesia hasta una altura de ocho varas (aprox. 6,7 m). La ola de retorno superó la altura
de la capilla de los marqueses de Hinojares, entró por la ventana y arrasó las casas adosadas a Santa
María. Llegó a la plaza con tal fuerza que el agua alcanzó las campanas de la torre, arrastrando
peñascos, barro y escombros. Rompió la bóveda de la iglesia, destruyó las carnicerías, parte del
ayuntamiento, el Pilar de la Cadena y la vivienda del corregidor.
En el interior del templo, el agua arrasó ornamentos, imágenes, ropas y objetos litúrgicos.
Muchos fueron hallados a kilómetros de distancia, aunque solo se recuperaron algunas imágenes
como la Virgen de Gracia y el Cristo del Consuelo, este último hallado herido por las piedras. Se
reportó la muerte de varias personas que vivían o trabajaban en el templo, como el presbítero Antonio
Fernández y los sacristanes con sus familias. La fuerza del agua también afectó a todo el entorno
urbano. El barro y las piedras de la Peña de los Halcones anegaron calles y destruyeron casas cercanas
a los barrancos. Especialmente afectados fueron los conventos del Carmen, Santa Clara, la Compañía
de Jesús y San Francisco. Las religiosas de Santa Clara rompieron la clausura en busca de auxilio. En
San Francisco el agua inundó completamente el convento.
Tras la catástrofe, se realizaron diversas obras de reparación: se cegó la puerta baja de la
sacristía, punto clave de la entrada de agua, se elevó la portada de la calle de la Hoz y se restauraron
las bóvedas interiores con yeserías decorativas. La capilla de los marqueses de Hinojares pasó a
denominarse capilla del Cristo del Consuelo tras la desaparición del linaje de los marqueses de
Hinojares.¹
¹ Archivo Catedralicio de Toledo. I.1.B.1.11 Informe de Baltasar del Castillo. 1694 /AHC. Doc. 13. J.F. El Adelantamiento
de Cazorla. Historia General. Toledo, Editorial Católica, 1948