Acceso Fortificado – Muralla Perimetral

Nos acercamos al acceso fortificado, donde comienza la defensa del castillo. Las murallas rodean la cima desde tiempos islámicos, aunque algunas partes fueron reforzadas después. Su trazado sigue el relieve de la montaña, aprovechando cada roca como aliada. Estas murallas no solo marcaban un límite, sino que controlaban los movimientos del valle.
El camino de subida es escarpado y estrecho, algo que no es casual. Ya los constructores islámicos diseñaron accesos difíciles para frenar posibles ataques. En mi época, esa idea se mantuvo: un avance lento significaba una defensa más eficaz. Los guardias situados en las zonas altas tenían una vista amplia y podían anticipar cualquier amenaza.
En tiempos de peligro, la población del entorno subía buscando protección dentro del recinto. Pero, sobre todo, este lugar servía de punto de observación militar. Imaginad la vigilancia constante, el sonido del viento contra la piedra y los guardias pendientes del horizonte. Este acceso seguía siendo, siglo tras siglo, la primera barrera de defensa del castillo.