ERMITA DE SAN BENITO

La primera mención histórica de San Benito la encontramos en un convenio sobre los términos municipales entre Chinchilla y Jorquera firmado en 1316, concretamente en esta ermita está el mojón que separa los términos de ambos municipios.
La Ermita es de estilo gótico y está situada a 2,5km de Valdeganga y prácticamente a 1 km de Puente Torres, de origen benedictino todo el paraje donde se encuentra recibe el nombre de la Abadía. Está construida con piedra caliza unida con argamasa (mezcla de arena, cal, ceniza y agua) y enlucida con yesos. Se conservan en pie dos arcos apuntados de estilo gótico por lo que data de los siglos XII a XV.
Podemos ver en la pared del fondo lo que pudo ser el altar y dos hornacinas rematadas en la parte superior con dos cúpulas en formas de concha. Una de ellas en forma de cruz lo que hace pensar que alojaba una figura de un crucificado, y la de la parte de abajo y de mayor tamaño es donde con toda probabilidad albergaba la talla de San Benito. También es de resaltar como uno de los arcos que todavía se conserva tiene un extraño símbolo que representa para algunos una cruz griega de brazos iguales y cerrada por un círculo.

LEYENDA: Según la tradición oral transmitida de generación en generación, en este lugar al que llamamos El Santo, era un lugar muy frecuentado y de mucha devoción, donde se celebraban desde tiempo inmemorial una romería a la que acudían devotos no solo de Valdeganga, sino de pueblo próximos, especialmente se dice que venían de Chinchilla al parecer porque ellos traían también un santo a esta Ermita.
Ese día se realizaban todo tipo de celebraciones y festejos en honor al santo, en particular era común la práctica de un juego de competición muy arraigado en nuestro pueblo, como era el lanzamiento de la reja de arado romano, y que ganaba la persona que más lejos la lanzase. Se lanzaba sin carrera de impulso y con un brazo, esta reja pesaba 8 kg, y se lanzaba con la punta hacía arriba, y se intentaba conseguir con un giro de 180 grados que se clavase en el suelo verticalmente. Un año cuando se encontraban en medio de la celebración de este concurso, se presentó un personaje, bien ataviado, montado sobre un caballo blanco, quien sin mediar palabra intervino en el lanzamiento de la reja que según los presentes envió tan lejos que no pudo ser hallada, ya que cruzó el cauce del río. El caballero montó en su caballo y se marchó en silencio tal y como había llegado. Los que estaban allí pasaron de la admiración inicial al miedo, pensando que ese lanzamiento no lo pudo realizar nadie más que el diablo. La noticia se extendió con tal rapidez que pronto el miedo se instaló en los fieles, y la romería dejó de celebrarse y la ermita se abandonó a su suerte. Después de muchos años de abandono un vecino del pueblo recogió la imagen y la subió a su casa, hasta que fue llevada a la Iglesia. Esta talla policromada de gran valor sufrió daños en la guerra civil, pero sirvió para venderla y reparar con el dinero recaudado los desperfectos que la iglesia de nuestro pueblo sufrió durante la contienda.