CASTILLO DE ALCALÁ DEL JÚCAR

Erigido sobre una prominencia rocosa fácilmente defendible por el estrecho istmo que le da acceso y los cantiles que lo rodean, el Castillo de Alcalá del Júcar tiene posiblemente un origen almohade.
Cuando Alfonso VIII conquista la zona del Júcar, el año 1213, esta fortaleza pasa a manos cristianas.
A mediados del siglo XV, en la época de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, la estructura del edificio fue reformada. La última reforma de que fue objeto se realizó a mediados del pasado siglo.
Es un buen ejemplo de arquitectura islámica, con un torreón pentagonal que se corresponde con la Torre del Homenaje, y dos pequeñas torres de planta circular, dispuestas en tres alturas. Restos de la antigua muralla rodean la fortaleza.
Es interesante considerar que ya hubo aquí asentamientos íberos y romanos, que también eligieron este emplazamiento como punto de vigilancia y defensa.
Las vistas desde las murallas del Castillo son espléndidas, permitiendo disfrutar del singular paisaje que el curso medio del río Júcar ha esculpido sobre las rocas calizas de la llanura Manchuela, y de la belleza con que el hombre ha sabido adaptarse y adaptar este entorno, creando uno de los pueblos más bellos de la geografía ibérica.
El Castillo de Alcalá del Júcar permite la visita regulada y se utiliza como centro cultural, recibiendo exposiciones temporales, espectáculos, etc.
Dos leyendas perviven en torno al castillo, sobre la princesa Zulema. En la primera, ella es raptada por el moro Garadén, para que se convierta en musulmana y se case con él. Pero Zulema, antes que eso, prefiere arrojarse desde lo alto de la torre. En la segunda, Zulema es mora, y enamorada de un caballero cristiano, huye del castillo de su padre, el moro Garadén, para establecerse en una cercana aldea… llamada Zulema.